
EL EVANGELIO SEGÚN APOLO Y DIONISIO
En aquel tiempo, dijo Zeus a Dionisio y Apolo:
“Hijos míos. Os he convocado porque sois un par de cabras. El uno se ha consagrado a los hombres, a enaltecerlos y educarlos. El otro ha hecho de estos hombres una piara de borrachos que solamente escuchan a sus propias pasiones. No os dais cuenta, claramente, de que el ascenso al Olimpo es imposible si se pasa el tiempo construyendo templos y componiendo la historia en poemas que todo aedo refutará para cantarlos mejor. El camino hasta esta cima es también terriblemente difícil de trasegar si sobre los ojos se lleva un velo de vinos y vapores lujuriosos.
Buen par de alacranes vine a mandar parir. Inyectáis vuestro veneno en los hombres con pluma y cuenco; tenéis esa colosal raza embobada, rebotando entre las alturas y las bajezas. Tanto poder en vuestros corazones y no os sirve para destruir con amor los dolores y ambiciones de nuestros creyentes elegidos. Tenéis que azararlos con placeres y obligaciones, dictados y desobediencias, ritos y más ritos.
¿Habéis visto alguna vez que importune a mi esposa Hera –la de prodigiosos tobillos- con observaciones pedagógicas sobre su nivel intelectual o recomendándole que beba un poco más ya que su sobriedad no le hace justicia a su eternidad? Hijos malignos. Con que Hefestos –ese cojo insufrible- se quede en su taller martillando, lejos del lecho de mi mujer, puedo dormir bien y seguramente alcanzaré la luz en un par de centurias. Vosotros, asnos, afligís a los hombres con vuestros horarios y licencias. ¡Como si la existencia se hilara sólo con éxitos y jumas! No los dejáis libres a las penetraciones de su voluntad, sino que ponéis ninfas insaciables en los bosques donde salen a caminar para pensar en las posibilidades del universo. Dejadlos que brillen con su fulgurante imaginación y no les propongáis tablas con leyes y reglas que hacen del jardín de la vida un laberinto circular, concéntrico e infinito.
Habéis colmado mi olímpica paciencia y he dado ya órdenes para vuestro proceso. El juez me quiere bien, así que pronostico un litigio corto y fulminante o un par de tormentas fulminantes y amargas sobre vuestras cabezas.
Así os digo, Apolo y Dionisio, que habéis malinterpretado y amañado el discurso de la deidad desde vuestra mismísima concepción. He sido longánimo y he desviado mi mirada desahogando mira con el desafortunado Prometeo. He estado inclinado a freír el buitre ese y poneros en esa roca, mas el martirio no os va más que la mendicidad, y en ningún caso merecéis la oportunidad de gritar injusticia.
Mi dueto de retoños defectuosos, teguas viles: como que esta montaña es de la misma tierra que las estrellas del cielo, os digo que habré de revocar vuestros designios en cuanto cure a los hombres de sus apetitos mundanos y sus ansias de saber.”
Palabra de Zeus.
FEDERICO AC.
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